Rollitos de pollo con relleno crujiente

25. 06. 2009


Después de probar la técnica de cocinar un rollito de carne relleno envuelto en papel film y cocido, quedé convencida de que volvería a probarlo con alguna otra receta. Y hoy me puse manos a la obra y sin trabajar casi nada preparé estos rollitos de pollo con relleno crujiente. Con este calor los he servido en frío, pero supongo que en caliente también estarán ricos, lo dejo para el invierno.

Ingredientes:

2 pechugas de pollo (aprox. 160gm cada una)

1 zanahoria mediana

250gm tomates cherry

1 vasito de vinagre balsámico de Módena

sal

Preparación:

Pelar y despuntar la zanahoria. Cortarla en bastoncitos. Reservar.

Abrir cada pechuga en un filete amplio. Sazonar y poner en el centro unos bastoncitos de zanahoria. Enrollar el filete sobre si mismo y envolver muy bien en papel film, anudando las puntas.

Cocer la pechuga en una cazuela al fuego con abundante agua hirviendo por espacio de, aproximadamente, 12 minutos. Sacar y dejar enfriar ya sin el papel film.

Poner en un cacito al fuego el vinagre y dejarlo reducir hasta obtener textura de jarabe.

Lavar los tomatitos y ensartarlos en cuatro varillas de bambú cortas para mini brochetas.

Cortar los rollitos de pollo ya a temperatura ambiente en ruedas de aproximadamente 1,5-2cm de grosor. Repartirlas en dos platos llanos y acompañar con dos brochetas de tomatitos en cada plato. Aderezar con la reducción de vinagre balsámico y servir.

Notas dieta WW (dieta Weight Watchers o dieta de los puntos):

Con estas cantidades tenemos 2 raciones de 3 puntos cada una. No lleva nada de grasa añadida, y al estar cocinado el rollito de modo que no pierda sus jugos y con el toque añadido de la reducción de balsámico, no queda nada seco ni pide ningún añadido de aceite. El toque crujiente de las zanahorias además de ser muy agradable, hace que comas despacio, lo cual siempre viene bien para ensalivar , para recrearnos y no engullir la comida sin pensar.



La Vía Láctea

25. 06. 2009


Leo sorprendida que el 99% de los europeos no puede contemplar la Vía Láctea a causa de la contaminación lumínica. Afortunadamente, yo pertenezco al 1% restante. Desde el patio de mi casa y sobre todo los días en que la luna está menguadita, se contempla perfectamente la Vía Láctea se ve como una especia de nebulosa que no impide ver las estrellas y que se pierde a lo lejos. He intentado fotografiarla porque quería subir aquí la imagen, pero mi cámara no da para tanto.

Cuando era pequeña y los veranos veníamos a pasar unos días a Castilla, a casa de mi bisabuela, teníamos la costumbre de salir a pasear después de la cena, cuando ya el calor pesado del día se había ido y a veces hasta había que ponerse un jérsey y todo. Teníamos bastante cerca unas heras, a las afueras del pueblo, y allí íbamos casi siempre. Entonces recuerdo que mi padre nos señalaba las estrellas (se sabía el nombre de muchas) y la Vía Láctea era bastante más nítida de lo que la veo yo ahora (supongo que si me alejase del pueblo en lugar de quedarme en el patio la vería también tan nítida como entonces).

Recuerdo también (más o menos) el mito de la Vía Láctea (y es que el nombre me hacía mucha gracia porque se llamaba vía pero yo no veía el tren por ninguna parte). Se cuenta que Zeus tuvo un hijo con una mortal, al que llamó Hércules. Hera, la esposa de Zeus, no quería amamantar al pequeño por ser el fruto de la infidelidad de su esposo, pero cuando ella dormía le acercaban al bebé para que mamase de su pecho; pero una vez despertó antes de que retirasen a Hércules y se derramó parte de la leche formando la Vía Láctea.

Después, en la escuela, nos contaron otra versión del mito según la cual Hércules era amamantado por una cabra pues Hera se negaba a darle ella el pecho por no ser su hijo, pero Hera enfadada, espantó a la cabra mientras el bebé mamaba y así el animal dejó un reguero de leche en el firmamento: la Vía Láctea.

En este tiempo en que hace tanto calor por el día, al caer la noche nos gusta sentarnos un rato en el patio con algo fresquito para beber y con la luz apagada para que no acudan nuestros “amigos” os mosquitos (que me tienen achicharrada los muy muertos de hambre) se ven perfectamente las estrellas y también la Vía Láctea. Sabemos que es un lujo disfrutar de esta manera sin salir de casa, pero verdaderamente no me había dado cuenta de lo privilegiados que somos pudiendo contemplar tantas estrellas, pues no me había parado a pensar en que hoy en día no son visibles para la mayor parte de la población debido al exceso de luz. Ahora lo valoraré aún más.

En el mismo artículo donde se indicaba que sólo el 1% de los europeos podemos contemplar la Vía Láctea, se comentaba que existe una iniciativa internacional que trata de que esta contaminación lumínica se reduzca. Ojalá lo consigan, pero lo veo complicado porque parece que cada vez se prefieren poner más anuncios en neón e iluminar de noche más monumentos y edificios… Quién sabe, a lo mejor lo que la razón no puede, lo puede la crisis económica.

¿Y vosotros, podéis ver la Vía Láctea? ¿Alguna idea para reducir la contaminación lumínica?

 



Brochetas de hortalizas veraniegas

24. 06. 2009


En verano le damos más a las barbacoas, algo que me encanta. Como no todo va a ser grasiento y pringoso, preparé unas brochetas con verduritas de temporada y sin nada de grasa añadida, porque ni falta le hace para tener ese delicioso sabor.

Si usías pinchos metálicos no hay problema, con los de bambú para que no se quemen en la barbacoa hay que meterlos previamente un rato en un recipiente con agua bien fría (incluso con unos cubitos de hielo).

Ingredientes:

 

3 calabacines pequeños

1 pimiento rojo grande

1 pimiento verde grande

250gm de tomates cherry

sal

Preparación:

 

Lavar los pimientos y los tomatitos. Cortar los pimientos en dados grandes.

Pelar y despuntar los calabacines. Cortar en ruedas no muy finas.

Ensartar los vegetales, alternándolos, en varillas de bambú para brochetas.

Cocinar las brochetas a la barbacoa durante unos 2 minutos por cada lado si se quieren al dente o un poco más si se prefieren muy hechas. Sazonar ya fuera del fuego.

Notas dieta Weight Watchers (dieta WW o dieta de los puntos):

Las brochetas son de 0 puntos. También pueden cocinarse a la plancha o en el horno.



Arroz con verduras

23. 06. 2009


Hoy me apetecía arroz, pero lo preparé de un modo diferente, sólo con verduras. Y como quería quitarle calorías, me salté el paso del sofrito. ¿Y sabéis qué he descubierto? pues que no le hacía falta y que simplemente así queda riquísimo. ¡Ay que ver las grasas que metemos a veces a los platos sin que lo necesiten!

Ingredientes:

400gm arroz de grano redondo

400gm champiñones

1 manojo de ajetes tiernos

1 manojo de espárragos verdes

sal

Preparación:

Limpiar los champiñones y trocearlos no muy grandes. Reservar.

Limpiar los espárragos eliminando la parte inferior leñosa de cada espárragos. Trocear los tallos y reservar las puntas por separado.

Limpiar muy bien los ajetes tiernos y trocearlos.

Poner en una paella todas las verduras excepto las puntas de los espárragos. Añadir el arroz y el doble de volumen (más un poco) de agua. Sazonar al gusto. Cocinar a fuego suave y pasados 10 minutos añadir las puntas de espárrago. Seguir cocinando hasta que el arroz esté en su punto y servir al punto.

Notas dieta Weight Watchers (dieta WW o dieta de los puntos):

En esta receta sólo hay un ingrediente que puntúa: el arroz. Con la Flexi +18 puedes servirte la ración todo lo generosa que quieras por tan sólo 4 puntos. ¡Una bicoca dado lo saciante que es!



El rey del castillo, de Victoria Holt

22. 06. 2009


Cuando tenía 15 años, las novelas de Victoria Holt corrían de mano en mano a la hora del recreo. Esa mezcla de misterio, suspense y romance gótico nos tenían atrapadas y en vilo página tras página. Años después, cuando mi abuela Carmen dejó de ver bien y ya no podía leer, repartió sus libros y a mi me dio varios de esta autora. Ahora Punto de Lectura ha reeditado “El rey del castillo” y así he podido disfrutar de esta novela que aún no había leído. Menos romántica que otras pero igualmente gótica, ese aire inquietante de peligro latente y misterios ocultos te atrapa desde el principio y te tiene en vilo hasta el final.

Francia, S. XIX. Los habitantes del castillo de la Talle (propiedad del Conde del mismo nombre) esperan la llegada de un caballero para que restaure las pinturas que pertenecen a la familia. Sin embargo, quien aparece ante sus puertas es una mujer, Dallas Lawson, hija del restaurador al que esperaban.

Dallas tiene 28 años y ha trabajado mucho tiempo junto a su padre. Ahora que éste ha fallecido y sus únicas opciones como mujer culta, pobre y sola son o bien emplearse como institutriz o dama de compañía para una familia acaudalada o bien ponerse bajo la protección de sus insensible y tirana tía Jane, Dallas decide jugársela y viajar a Francia para restaurar las pinturas del Conde de la Talle, esperando que a él no le importe contratar una mujer para dicha tarea. Cuando Dallas llega al castillo y con el Conde temporalmente ausente los habitantes del castillo la reciben sorprendidos y a la espera de lo que decida el Conde para con ella.

Dallas, en principio interesada en las pinturas y en la arquitectura del castillo, pronto comienza a sentirse también interesada por los habitantes del castillo y por todo lo que parecen ocultar. Y es que tanto las murallas del castillo como sus habitantes están llenos de misterios y de peligros.

La novela es intrigante y su ambiente gótico junto a la narración de boca de la protagonista, te atrapa desde el principio. Las sospechas, el peligro latente, el ambiente inquietante, los oscuros secretos… te hacen engancharte a esta novela de principio a fin.

La novela tiene 480 páginas y cuesta 6,50 euros.



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