27. 10. 2009
Muchas de las personas que leéis este blog sois muy aficionadas a la cocina y es por eso que me he animado a escribir sobre esto. Y es que últimamente me estoy dando cuenta de lo que se agradece la comida casera, un regalo que quizá no nos atrevamos a hacer con frecuencia pero que suele ser siempre muy bien recibido.
Seguro que muchos os habéis fijado en películas y series de televisión anglosajonas que cuando una persona se muda a su nuevo hogar los vecinos se dan a conocer al tiempo que le ofrecen una comida casera (un pastel de carne, una tarta de elaboración propia, unas galletas hechas siguiendo una receta familiar, etc…) al igual que ocurre en los funerales, cuando nace un bebé o hay alguien enfermo. Si lo pensamos es algo totalmente lógico: quien acabe de mudarse aún no tiene las fuerzas ni a mano los utensilios para preparar una saludable comida casera, los familiares que acaban de perder a un ser querido no se preocupan de su alimentación a pesar de ser algo importante, cuando nace un bebé la madre está demasiado ocupada (y en muchas ocasiones agotada y agobiada ) para ponerse a cocinar, y un enfermo debería comer de forma más sana y natural que nunca aunque seguramente no se encuentre en condiciones de trajinar en la cocina y acabe evitando comer o recurriendo a cualquier precocinado de poca calidad.
Así pues, ¿no os parece que en estos casos la comida casera se aprecia más que nunca? Entonces, y si queremos tener un detalle de cariño, ¿por qué siempre recurrimos a regalos que muchas veces son más costosos para quien los compra que valiosos para quien los recibe?
A un amigo o familiar enfermo seguramente le carguen las visitas largas y no esté para comer bombones o esté harto de llenar la casa con ramos de flores que no se siente con fuerza para cuidar, pero seguro que aprecia y le alegra una breve visita y una apetecible comida casera que además le solvente un problema doméstico.
Pero regalar comida casera es algo que puede hacerse en muchas ocasiones. ¿Qué hay del cariño con que una madre te da un tupper de croquetas o de cocido casero? Bueno, pues lo mismo pueden agradecerlo los abuelos que ya están un poco mayores para manejarse entre fogones a diario, el amigo de buen comer al que no se le da bien la cocina, la vecina que está haciendo obra en casa y no puede usar su cocina o la compañera de trabajo que anda de cabeza con el tiempo porque tiene un hijo o un padre hospitalizado, por ejemplo.
¿Y qué me decís de esos amigos o familiares que están pasando por un mal momento económico? Quizá uno tenga vergüenza de dar y el otro vergüenza de recibir, o ambos pudor de hablar del tema, pero nadie se va a negar a aceptar una visita que llega con un bizcocho, una empanada o una tarta hecha por ella misma o con un par de botes de la conserva que hayamos hecho el día anterior en tarros bonitos y bien decorado.
Si las personas que somos aficionadas a la cocina disfrutamos cuando tenemos invitados a la mesa, también podemos disfrutar preparando una comida casera con todo el cariño para alguien que sabemos también se va a sentir feliz al recibirla. ¿Qué pensáis al respecto?