De cocina y literatura; amor bajo el espino blanco

Escrito por Marhya en De cocina y literatura, Gastronomí­a, Literatura el 20 Septiembre, 2012 / 8 Comments

Hace unos días os hablaba de una novela, Amor bajo el espino blanco” (aquí) y hoy  quiero volver a ella y hablaros de la cocina que se refleja en sus páginas y que sirve para acercarnos tanto la situación socio económica de los protagonistas como para hacernos llegar las tradiciones y la forma de vida en China en la época. No es algo a lo que la autora recurra mucho durante la historia pero cuando lo hace, es tan clara que no nos deja lugar a dudas.

Jingqiu, la protagonista de la historia, vive en una situación de gran pobreza. Mayor Tercero, el joven del que se enamora (aunque es él el primero que muestra interés por ella en la novela) es hijo de un cuadro del régimen, para él el dinero no es problema y la primera vez que están a solas, paga a una mujer en una granja cercana a la aldea en la que ambos trabajan para que prepare para la muchacha una rica comida. “Jingqiu pocas veces había tomado una comida tan excelente. El arroz era fresco, simplemente hervido y delicioso, y los platos eran sabrosos y aromáticos: un cuenco de tofu frito en la sartén, otro de aceitosas espinacas verdes, algunos encurtidos y dos salchichas de fabricación caseras”. En otro momento de la historia van a un restaurante en la ciudad, aunque la joven se siente culpable por estar comiendo cosas ricas a espaldas de su familia, mientras los miembros de la misma pasan verdadera necesidad “ Había comprado una tortita grande y aceitosa, crujiente y tostada por fuera, llena de arroz pegajoso y cubierta de cebollitas; el aroma le impregnaba la nariz. También había comprado unos cuantos bollos al vapor rellenos de carne; eran de un blanco lechoso y de ellos emanaban columnas de vapor; eran realmente deliciosos. También compró dos cuencos de sopa de fideos, en los que flotaban cebollitas y unos celestiales charcos de aceite de sésamo. El olor era delicioso”.

La vida de las mujeres chinas no valía apenas nada, ni en la sociedad ni en la propia familia, donde era la última hasta para comer. “Su madre le había contado historias de los tiempos en la que los amorosos maridos del campo ocultaban carne en los cuencos de arroz de sus esposas. Las jóvenes esposas no pintaban nada en la familia, y tenían que ceder constantemente ante todos los demás. Si alguna vez había algún manjar, debía esperar a que los padres de su marido comieran primero, a que lo hiciera el marido, luego los tíos y tías, y finalmente sus hijos. Para cuando la llegaba el turno sólo quedaban las verduras”. Después, la autora sigue relatando cómo el marido que no se atrevía a mostrar el cariño por su esposa en público, escondía trozos de carne en el cuenco de arroz de ésta y cómo ella debía comerlo a escondidas: “…primero tenía que chafarla de manera furtiva, a continuación acercar el cuenco a la boca y extraer la carne del fondo del cuenco como si excavar un túnel, fingiendo que sólo engullía arroz. Tenía que masticarla en silencio mientras sepultaba de nuevo los restos de la carne. Tenía que procurar no acabarse el arroz antes de repetir, pues descubriría el tesoro oculto. Pero no podía tomar otra ración de arroz sin haberse acabado la primera…”.

Una de mis comidas favoritas en los restaurantes chinos españoles (y que tan poco debe parecerse a la auténtica comida tradicional china) es el arroz crujiente. En una escena de la novela, aparece este manjar: “Mayor Tercero había perfeccionado el arte de hacer arroz crujiente. Primero lo hervía, y en cuanto estaba cocido lo sacaba de la olla y lo echaba en un cuenco de hierro forjado, aderezado con sal y con unas gotas de aceite, y le daba vueltas al arroz a fuego lento hasta que estaba aromático y crujiente”.

La pobreza de la familia de Jingqiu (aunque en su primera infancia no fue así) queda patente de muchas formas a lo largo de la historia y, lógicamente, es inevitable que algunas de ellas tengan que ver con la comida. “ Jingqiu ya ni se acordaba de la última vez que había comido en un restaurante. Debía ser cuando era niña, con sus padres. Generalmente iban a desayunar: bollos al vapor, pan frito, leche de soja caliente y sabrosas tortitas, cosas así. Debían haber pasado siete u ocho años. Cuando ya no salían a desayunar, freían algunas sobras o compraban pan cocinado al vapor en el comedor de la escuela. Luego, como su ración de cereal era insuficiente, tuvieron que empezar a comprar bollos hechos con harina vieja, es decir, los grises, que se amasaban con las sobras del molino. No necesitabas un vale de racionamiento para esa clase de harina, por eso era lo que comía normalmente la familia de Jingqiu”.  En otro párrafo podemos leer “ su madre le había pedido a alguien que les diera vales especiales para las sobras de arroz roto, de modo que pudiera completar su dieta; cada grano era tan pequeño como uno de harina. La fábrica solía vendérselo a los granjeros para que alimentaran a sus cerdos, pero en aquella época la gente comía cualquier cosa y de todo. Con un vale de arroz de medio kilo podías comprar un kilo entero de arroz roto, que era lo que terminaban comiendo las familias que iban cortas de provisiones. El arroz roto era asqueroso. Te resbalaba por la boca mientras lo masticabas, y lo peor de todo era que estaba sucio y mezclado con piedrecitas  y cáscara, y tardabas una hora o más en limpiarlo”.

Sin duda, la China de la época no era el mejor lugar para vivir. Al menos, no para todo el mundo.

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8 Responses to “De cocina y literatura; amor bajo el espino blanco”

  1. Es muy curioso lo que nos cuentas y me hace pensar cómo en tantísimas culturas el papel de la mujer ha sido siempre relegado a una figura insignificante y de tercera categoría….

    Marhya Reply:

    Ha sido y sigue siendo, hemos tenido suerte con la época y el lugar en que nos ha tocado vivir.
    Besos.

  2. Cuantos detalles has anotado sobre los detalles “gastronómicos” de la novela… Mira que las mujeres siempre han sido menos que nadie en muchas culturas :o(
    Y por cierto, en China no tienen ni idea de la comida china que comemos en Europa como tal, lo mejor es lo del arroz tres delicias que sólo se sirve en los restaurantes internacionales. Y los dim sum que son los bollitos al vapor, sólo se comen en una ciudad donde es la especialidad pero en otros lugares de la china ni lo saben!
    Besos,
    Palmira

    Marhya Reply:

    Palmira, no sabía lo de los dim sum. Esto debe ser como pasearse por ciertos (mayoría) de restaurantes de cocina española en el extranjero…
    ¡Nos engañan como a chinos! (chiste malo, lo sé, pero no me he podido resistir).
    Besos.

    Palmira Reply:

    jejeje pues aquí en la pequeña ciudad donde vivimos hay un restaurante catalán, ojo que no es español y sólo por curiosidad creo que iremos algún día (cuando ya no se fume en los restaurantes …)
    Besos
    Palmira

    Marhya Reply:

    Ya me contarás, si es para que los de la tierra se junten seguro que es buena comida, si es para captar a los italianos ya no lo tengo tan claro.
    Besos.

  3. Vaya coincidencia, acabo de recibir “Cocina Oriental”.

    La cocina siempre unida a la mujer. Vaya papelón, sobre todo en los malos tiempos.

    Besotes!!!

    Marhya Reply:

    Polita, pues ya me contarás qué tal es, estaré atenta a ver si comentas algo en tu blog.
    Un beso.