Lejía y agua caliente, mala combinación

04. 08. 2009


Sorprendente lo que he descubierto hoy. ¿Sabíais que la lejía pierde sus propiedades diluida en agua caliente? Yo no lo sabía. La verdad que no me gusta usar lejía, pero me pareció una cosa bastante curiosa e interesante, porque sé de mucha gente que friega los suelos con agua caliente y lejía con la idea de que así se quite mejor la suciedad y desaparezcan los microorganismos perjudiciales, sin saber que el efecto es el mismo que si estuviesen fregando tan sólo con agua.

Si entre nosotros hay algún químico o biólogo seguro que nos puede explicar de modo que lo entendamos el porqué de esta sorprendente cuestión. Me apreció que era interesante comentarlo. así que si sois de las de lejía y agua caliente, ya sabéis, o bien os pasáis al agua fría o bien os ahorráis la lejía.

¿Alguien sabe explicar de modo que podamos entenderlo los profanos el porqué de esta cuestión? ¿Conocíais vosotros que la lejía perdía sus propiedades en el agua caliente?



El problema forma parte de la solución

30. 06. 2009


Estaba yo leyendo estos días sobre permacultura cuando leí que uno de sus preceptos o principios básicos dice así: “el problema siempre forma parte de la solución”. Una frase que me ha tenido pensando y que puede parecer contradictoria pero que encierra una manera muy especial de ver no sólo la agricultura, si no que es extrapolable a cualquier ámbito de la vida. Es algo así como “hasta de lo malo puede sacarse algo bueno”. Si existe un dicho popular que reza “si la vida te da limones, haz limonada”, esto iría un poco más allá, sacando algo mejor no sólo de lo bueno que ofrece la vida, sino hasta de lo que parece negativo o en cierto modo hasta lo es.

En el ámbito de la agricultura, que es donde en principio se dirige la permacultura, esto se aplica fácilmente. Por ejemplo, si tu terreno sufre el azote de fuertes vientos, no pienses en los efectos negativos de ello sino en las cosas positivas que puedes obtener de ello: energía eólica (tal vez para dar energía a la vivienda o para los sistemas de riego) y la obligación de poner barreras de protección te permitirán aprovechar éstos para que hagan las veces de tutores de plantas trepadoras (como parras, sin ir más lejos).

Lo que me ha gustado es que esto puede aplicarse también a la vida cotidiana. Y es que es una filosofía de vida que a cualquier optimista encantará (a mi me ha encantado) porque parte de una visión positiva que nos ayudará a enfocar de mejor manera cualquier bache que pueda presentarse en el camino.

Para explicarnos lo que significaba ser optimista o pesimista, mi madre nos contó un cuento (supongo que lo leería o escucharía en algún lugar): una empresa de calzado envía a dos de sus vendedores a una zona recóndita de África. Al llegar allí ven que los habitantes de dicha zona caminan descalzos. El optimista piensa “qué bien, toda ésta gente y nadie tiene zapatos, cuánto voy a vender”. El pesimista piensa, “qué mierda, esta gente no usa zapatos, no voy a vender ni un par”.

“El problema siempre es parte de la solución” es la forma optimista de enfrentarse a los problemas que la vida nos ponga por delante. Con sólo pensar un poco seguro que se nos ocurren visiones positivas para sacar lo mejor del problema que tenemos entre manos.

Por ejemplo: uno puede hundirse porque se ha quedado sin trabajo o tomarlo como la oportunidad para encontrar un empleo mejor, además de disponer mientras lo logra de tiempo para adquirir nuevos conocimientos que le ayuden a conseguirlo. Y es que uno puede dejarse llevar por el desencanto ante el primer problema u obstáculo que se presente o puede hacer que ese inconveniente se transforme en una posibilidad inesperada y positiva.

Me voy a aplicar el cuento, a buen seguro.

Y vosotras, ¿creéis que el problema es siempre parte de la solución? ¿Qué os parece éste precepto?



Lo que he aprendido hoy

22. 06. 2009


Hay un dicho muy conocido que en los últimos días me ha venido varias veces a la cabeza: “nunca te acostarás sin saber una cosa más”, y es que he comprobado que a menudo es cierto. Algunas de esas cosas son verdaderamente importantes y/o interesantes, otras son meras curiosidades anecdóticas. ¿Alguna vez os habéis parado a pensar en lo que habéis aprendido de nuevo cada día? Me pareció que sería una cosa bonita pararse a pensarlo si no a diario si cada pocos días.

Y esto es lo que he aprendido hoy:

* Un nido de víboras huele a pepino. Bueno, a lo mejor algún día vagando por los pantanos de Luisiana u otro recóndito lugar esto que hoy me parece una simple curiosidad me salve la vida. ¡Quién sabe cuándo nos hará falta echar mano de lo que uno aprendió causalmente un día!

* Los elefantes con los que Anibal cruzó los pirineos podrían pertenecer a una especie ya extinguida, oriunda de la zona del bajo Atlas. Por lo visto hay otras teorías que explican que los egipcios poseían un gran número de elefantes indios en cautividad y que los de Aníbal podían proceder de ahí, o que éstos llegaron desde Asia en grandes caravanas. Tal vez ninguna de estas teorías sea la verdadera, lo cierto es que nunca me lo había planteado: es curioso la de cosas que damos por ciertas porque nos las contaron en clase y no nos hemos parado a poner en duda o a pensar sobre ello nada más, esas cosas que muchas veces se estudian tan sólo para aprobar un examen.

* A dudar más, a replantearme las cosas dos veces, a buscar otra explicación posible… Derivado del comentario anterior.

¿Y vosotros, os habéis parado a pensar en lo que aprendéis cada día? ¿Os apetece compartirlo?



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