Bajo el sol de Creta, de Jenny Ashcroft
El comienzo, la primera parte, la que transcurre en 1936 es alegre y luminosa. Es un verano lleno del encanto de los veranos del final de la infancia y el principio de la juventud, con la libertad, las expectativas, ilusiones y esperanzas propias de ese tiempo entre la niñez y la adultez, a camino entre el afán de pasarlo bien y la adquisición de algunas responsabilidades. La segunda, como ya puedes imaginar, es otro cantar, con la pesadumbre y la dureza de la guerra, la ocupación, las purgas, el hambre y el miedo.











