Bricks de bacalao

07. 02. 2010


En casa nos encanta el bacalao. Preparado de una u otra forma es raro que falle en los menús de fiesta, cuando tenemos gente en casa, en las celebraciones de cumpleaños y demás. Esta vez se me ocurrió aprovechar un paquete de obleas de pasta brick que tenía estorbando en la nevera (aunque es finísimo también es enorme y un incordio para tenerlo guardado muchos días) y rellenarlo con una farsa echa a base de bacalao, prácticamente igual a la que utilizo para las siempre aclamadas croquetas de bacalao (las croquetas suelo hacerlas con harina integral y en este caso utilicé harina blanca).

Ingredientes:

10 obleas de pasta brick
300gm bacalao desalado
100gm harina blanca
1 litro de leche entera
3Cd aceite de oliva virgen extra + aceite de oliva virgen extra en spray
3Cd mantequilla
nuez moscada al gusto
1ct perejil picado lo más fino posible
sal

Preparación:

Secar bien con papel absorbente de cocina el bacalao desalado. Cortarlo en daditos y reservar.

Poner al fuego una cazuela con el aceite de oliva y la mantequilla. Añadir el bacalao y rehogar 2-3 minutos: añadir la harina y dejar que tome algo de color, removiendo al tiempo (pero cuidando que no se queme).

Ir añadiendo la leche al tiempo que con unas varillas se va removiendo. Añadir nuez moscada recién rallada al gusto (con una o dos puntas de cuchillo es más que suficiente pues aporta mucho sabor y aroma que puede “matar” el plato si se utiliza en exceso) . seguir cocinando sin dejar de remover con las varillas hasta que comience a hervir la mezcla y el espesor de la misma permita que se separe de las paredes sin dejar marca. Añadir entonces el perejil, sazonar al gusto y retirar del fuego para verter sobre un plato hondo.

Dejar enfriar la farsa varias horas.

Cortar la bechamel preparada en diez porciones similares. Poner una porción sobre cada oblea de pasta brick, a lo largo, y enrollar esta cerrando las puntas, de modo que quede un rollito no muy grueso y más bien largo.

Rociar los rollitos con el aceite en spray y colocar sobre una placa de horno forrada con papel de horno.

Introducir en el horno ya caliente a 200ºC y cocinar durante unos 10 minutos o hasta que adquiera un color dorado de aspecto crujiente.

Sacar y servir cada rollito cortado por la mitad en platos llanos individuales.

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Diario de una mujer sencilla (5-2-2010)

05. 02. 2010


Para Hoy (5-2-2010)
Afuera de mi ventana… amenazando lluvia.
Estoy pensando… en todas las cosas pendientes para los próximos días.
De los lugares donde aprendemos… es difícil aprender a “hacer punto” sin alguien que te enseñe en persona, sobre todo si se es tan  manazas como yo, pero algo va saliendo.
Me siento agradecida por… que se van recuperando nuestros seres cercanos.
Desde la cocina… la mesa puesta y el horno trabajando.
Que traigo puesto… vaqueros desgastados, camiseta larga y chaqueta azules.
Estoy leyendo… recién he terminado “Recuerdos prestados”.
Lo que espero… que siga la racha positiva.
Estoy creando… algo con perlé.
Estoy escuchando… Aerosmith.
Por toda la casa… luces y sombras.
Una de mis cosas favoritas… el cine negro
Algunos planes para el fin de la semana… ¿fiestas?
Aquí está una foto que pensé compartirles: aprendiendo.

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Recuerdos prestados, de Cecilia Ahern

05. 02. 2010


Tenía muchas ganas de leer esta nueva novela de Cecilia Ahern, “Recuerdos prestados” . Una historia que aunque algo previsible me ha enganchado desde el principio por cómo está escrita y me ha resultado muy agradable y entretenida. Una novela llena en la que la magia se impone de pronto en la vida cotidiana de dos personas corrientes.

Justin Hitchcock es un norteamericano divorciado que se traslada a vivir a Londres para estar más cerca de su familia. Contratado como profesor invitado en el Trinity College, viaja asiduamente a Irlanda para dar sus clases sobre arte y arquitectura. Así conoce a una atractiva doctora, Sarah, que participa en un evento universitario para obtener donaciones de sangre. Por ella, Justin dona sangre pese a la fobia que tiene hacia las agujas.

Joyce Conway acaba de perder al bebé que esperaba. Hospitalizada, cuando despierta comienza a sentir cosas extrañas, recuerda cosas que no ha vivido, de pronto habla varios idiomas y tiene unos conocimientos sobre arte que no sabe de dónde han salido. Al salir del hospital Joyce se traslada a la casa de su padre (un anciano viudo) y mientras acaba con su matrimonio y su trabajo no deja de perseguirla una misteriosa sensación de déja vu.

Una de las cosas que más me ha gustado de la novela es el personaje del padre de Joyce, un anciano encantador que pone en la novela un toque de humor y realidad, un personaje que emociona y sin el que la historia no sería lo mismo.

La novela está publicada en España por Vergara en su colección Para Siempre, consta de 382 páginas y su precio es de 19 euros.

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Muffins de coco

04. 02. 2010


Esta es mi segunda variación (aquí  la primera) sobre la receta básica de los muffins que descubrí en el blog de Adi (aquí). En este caso y para no pecar yo, los hice de coco, un sabor que apasiona a mi marido pero a mi no tanto (me gusta el coco como fruto pero el deshidratado rallado me carga): ya han desaparecido casi todos y eso que yo no les he metido mano.


Ingredientes:

1 y ¾   taza de harina
1/3 taza azúcar blanquilla
4Cd coco deshidratado rallado
2ct levadura química
¾ taza de leche semidesnatada
¼ taza aceite de girasol
1 huevo

Preparación:

Poner en un cuenco el huevo y batirlo. Añadirle la leche y el aceite y remover un poco.

En un cuenco grande poner el azúcar, la harina, la levadura química y el coco.

Verter el contenido del primer cuenco sobre el contenido del segundo cuenco y mezclar sin batir ni amasar (no te preocupes si quedan algunos pequeños grumos).

Repartir la mezcla en moldes de silicona para magdalenas  y llenarlos hasta ¾ partes de su capacidad.

Poner todos los moldes rellenos en una fuente e introducirlos en el horno ya caliente a 200ºC. Cocinarlo por espacio de 20 minutos.

Retirar del horno y dejar reposar 5 minutos antes de sacarlos de la fuente.

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Proyecto “un pequeño cambio”- Febrero 2010

03. 02. 2010


Leo en el blog de María, “Las cerezas de Pipa” (aquí) sobre el proyecto “Un pequeño cambio”, para reducir la huella ecológica que vamos dejando a nuestro paso. Una idea (nacida en el blog A familia dos Tartarouchos) que me parece estupenda, y por eso enseguida me pongo a pensar qué puedo hacer de diferente para tratar de lograrlo, pues algunas de las cosas más básicas ya las he ido incorporando a mi rutina diaria como mayor o menor esfuerzo. Pero siempre se puede hacer mucho más, y enseguida he caído en algo que me gustaría mejorar y es el reducir el gasto en papel.

Quizá a muchos os parezca una tontería o una cosa muy pequeña, pero en mi caso no lo es, y es que al tiempo que mientras algunas cosas relativamente corrientes ya he ido adaptándolas (no dejar aparatos encendidos en stand bye, poner bombillas de bajo consumo en toda la casa, preparar compost casero…) una cosa de apariencia tan sencilla como el consumo de papel en mi caso es bastante más elevado de lo necesario. ¡La de veces que me ha llamado la atención mi madre en otros tiempos por escribir sólo por una cara o por escribir sólo un párrafo o dos y dejar el resto libre, pasando a una hoja nueva! De aquellos barros, estos lodos, es difícil desprenderse de las costumbres o manías de la infancia, pero no es excusa suficiente. Y eso en una persona como yo, que escribe chopocientas cosas al día, no es tontería (aunque rime).

Una de las costumbres que tengo es hacer una lista con las cosas que tengo que hacer o quiero hacer al día siguiente e irlas tachando según las llevo a cabo. Perfectamente podría escribirlo en la pizarra e irlo borrando a medida que lo hago. Esa será la primera de las cosas que haré. Pero también tengo otras en mente:
- Hacer la lista de la compra una vez y no ir apuntando en una hoja cualquiera y luego pasarlo a limpio al ir a comprar.
- Imprimir sólo los documentos que sean necesarios y el resto guardarlos en archivos.
- Cuando sea posible escribir por las dos caras de una hoja y no por costumbre sólo en una.
- Todas mis “listas” que puedan escribirse en la pizarra, no hacerlo en papel
- Reutilizar las hojas siempre que sea posible y no tirarlas automáticamente al apartado de “papel para reciclar” con tan sólo unas líneas escritas.
- Ser más cuidadosa a la hora de elegir el papel evitando en lo posible los que se blanquean de forma altamente contaminante y los que no procedan del reciclado.
- No dejarme llevar y evitar comprar cuadernos que luego quedan en la estantería sin usar (este punto va a ser el más complicado).

Ya os iré contando cómo lo llevo, aunque pueda parecer una tontería o una cosa mínima sé que no va a ser fácil y es que cuesta desprenderse de los hábitos largamente adquiridos.

Si alguien quiere unirse a la propuesta de María, pinchad AQUÍ para acceder a su blog.

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